Chambord, un nombre mágico que evoca el castillo del renacimiento más extravagante y más majestuoso, del valle del Loira. Antiguo pabellón de caza de los condes de Blois, sobre cuyas ruinas el rey Francisco I mandó construir su palacio de cuento de hadas. Cuando se inició la construcción del castillo de Chambord en 1519 Francisco I tenía 25 años. Se vivía entonces el siglo de oro español y España brillaba con el poder del rey Carlos V y más tarde Felipe II, las expediciones al Nuevo Mundo y el arte del final del plateresco.

Castillo de Chambord vista aérea
Chambord es una muestra de la arquitectura del renacimiento francés, representa lo que el poder absoluto puede hacer en materia de construcción inútil, producto de la fantasía y el capricho de un soberano. Pensado inicialmente como albergue de caza, la arquitectura de Chambord lo hizo en todo punto desmesurado: 156 m. de longitud, 56 m. de altura, 77 escaleras, 282 chimeneas y 426 piezas. Sin embargo a, pesar de sus dimensiones colosales, la silueta del palacio sigue siendo atractiva por su gracia y su equilibrio. Entre todos los materiales utilizados en su construcción, la toba es la que llama la atención del visitante pues, aunque fue utilizada en la mayor parte de los palacios del valle del Loira, sin duda es en Chambord donde esta piedra calcárea, blanda y frágil, ha sido trabajada con mayor virtuosismo.

Château de CHAMBORD
Francisco I pasó en Chambord apenas 72 días durante sus 32 años de reinado. Nunca vió la obra terminada y a su muerte tan sólo la torre de homenaje y el ala real habían quedado concluidas. Su hijo, Enrique II, así como Luis XIV, igualmente aficionados a la caza, dieron a Chambord el aspecto que hoy conocemos.

Castillo de Chambord interior y chimenea
Francisco I concibió Chambord como un castillo político al servicio de la grandeza de su reino. Un símbolo visiblemente eficaz que logró impresionar a Carlos V en 1539 quien vio aquí “el compendio de la industria humana”.

Castillo de Chambord en invierno
Esta obra maestra no ha dejado su firma. Sólo se conocen los nombres de los tres maestros de obra franceses, a quienes se atribuye el plano cuadrado de tradición francesa y de concepto aún medieval. Pero la simetría casi matemática de las proporciones, el extremo refinamiento del decorado tienen la marca de Italia y sobre todo de un genio: Leonardo da Vinci, quien murió el mismo año de los comienzos de los trabajos. Llamado poco tiempo antes (1516) a la corte de Francisco I en Amboise, sería el inspirador de Chambord y sobre todo de la escalera monumental de doble revolución. La escalera está situada en el centro de la torre del homenaje, por la que se accede a los tres niveles del palacio, y está constituida por la unión de dos escaleras de tornillo que giran alrededor de un núcleo central hueco. Este conjunto es el apoyo de la torre y su linterna, coronada por la flor de lis. Dos personas que recorran cada una un vuelo de escaleras podrán verse por las aperturas del núcleo, pero no se cruzarán jamás.

Castillo de Chambord escalera de doble revolución.
La última personalidad importante en la historia del castillo de Chambord, fue Luis XIV quien lo adquirió a la muerte de Gastón de Orleans, residió en él nueve meses, realizando importantes trabajos de remodelación. Estanislao Leszczynski rey exilado de Polonia, suegro de Luis XIV, lo habitó entre 1725 y 1733. El Mariscal de Sajonia recibió el palacio de manos de Luis XV y ofreció allí suntuosas fiestas durante dos años. El duque de Burdeos, conde de Chambord nieto de Carlos X se hizo dueño en 1821 gracias a donativos de la población. El Estado francés compró el castillo de Chambord a los herederos del Conde de Chambord en 1930.
Durante la visita a Chambord podrá disfrutar de un agradable paseo en barca por uno de los canales que rodean este espectacular castillo del valle del Loira.

Castillo de Chambord barcas en el canal
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