CHENONCEAU anclado en las aguas del río Cher, tiene grabada en la armonía de su arquitectura la huella de la elegancia femenina. Conocido como el castillo de las damas. Concebido por y para dos mujeres, fue durante el siglo XVI la residencia favorita de las reinas y de las cortesanas: Catalina de Médicis, Diana de Poitiers, Gabriela d´Estrées (favorita del rey Enrique IV de Francia). Algunas salas llevan aún sus nombres.

Imagen de Chenonceau.com site oficial
Al construir Chenonceau sobre el río Cher en el siglo XVI, Thomas Bohier y su esposa Katherine Briçonnet que fue quien se encargó de dirigir los trabajos del castillo, demuelen la fortaleza y el molino fortificado de la familia Marqués y sólo conservan el torreón: la Torre del Marqués que se adaptó al estilo renacimiento.

Chenonceau Torre del Marqués
Con Katherine Briçonnet el edificio, iniciado en 1513 y sus dominios entrarán en una primera fase de auténtica gestión. Dos años después del fallecimiento de Thomas Bohier, Chenonceau pasará a manos de su hijo Antoine Bohier, quien recibe una empresa en perfecto funcionamiento. En 1535 el examen de las cuentas realizado por los tesoreros generales bajo las órdenes del rey, tendrá como resultado la imposición de una multa colosal, conmutada por una donación: Chenonceau pasará a manos de Francisco I. De este modo, Chenonceau, propiedad de la Corona, pasará a ser en adelante residencia real.

Chenonceau vista desde los jardines de Diana de Poitiers I
Diana de Poitiers, esposa del gran mariscal de Francia Luis de Brézé, duquesa de Valentinois, dama de honor de la reina, de una belleza, una inteligencia y un sentido para los negocios extraordinario, fue la favorita de Enrique II quien le obsequia Chenonceau, por un medio típico de la habilidad de la corte, el de una donación en virtud de los “grandes y encomiables servicios” otorgados por su esposo a la corona. Su gestión es un modelo de explotación. Primero realiza un inventario de bienes y terrenos y después consigue hacer de Chenonceau un lugar rentable. Paralelamente a los trabajos de arquitectura interior y exterior, dota a Chenonceau de unos jardines que se encuentran entre los más espectaculares y modernos de la época.

Chenonceau jardines de Diana de Poitiers
En 1559, a la muerte de Enrique II, quien muriera en singular combate durante un torneo ante el Capitán de su guardia escocesa Gabriel Montgomery, su viuda Catalina de Médicis logró que Diana le restituyera Chenonceau dándole a cambio Chaumont-sur-Loire.
Catalina de Médicis, viuda de Enrique II, madre de Francisco II, Carlos X y de Enrique III, ambiciosa, autoritaria y dotada de una inteligencia florentina diabólica, será quien dirija Chenonceau, sus dominios y la vida que en ellos se desarrolla. Continuará los trabajos de arquitectura y ornamento, aumentará los dividendos patrimoniales, y ampliará de forma más suntuosa si cabe los jardines.

Château de CHENONCEAU visto desde los jardines de María de Médicis
LA GALERIA
Diana de Poitiers hizo construir un puente destinado a unir el edificio a la orilla izquierda del Cher, de la recámara de Diana se llegaba a la galería por un pequeño pasaje. Catalina de Médicis quiso superar a su rival en el embellecimiento del castillo y encargó construir una galería doble sobre el puente de Diana de Poitiers. Es una magnífica sala de baile de 60m de longitud y 6m de ancho, y que está iluminada con 18 ventanas, con el suelo embaldosado con toba y pizarra y el techo de falsas vigas. Fue inaugurada en 1577 durante las fiestas que diera Catalina de Médicis en honor de su hijo el rey Enrique III (último rey de la dinastía Valois). En cada extremo pueden apreciarse dos bellísimas chimeneas renacimiento, una de las cuales no es sino un decorado que rodea la puerta sur, y que conduce a la orilla izquierda del río Cher.

Imagen II de Chenonceau.com site oficial
Catalina de Médicis dominaba el arte de las fiestas llevadas hasta extremos verdaderamente teatrales. Sin embargo, acabados los fastos correspondientes a las fiestas regias del Renacimiento, el castillo retornó a manos privadas. Al albur de diversas herencias y compraventas. Claude Dupin, un potente financiero de la época, adquirió el castillo en 1733 al duque de Borbón. Su segunda esposa, Louise Dupin, tuvo allí su salón de recepciones, en el que recibió por ejemplo a Voltaire, Fontenelle, Montesquieu, Buffon o Rousseau. Chenonceau siguió en manos de la familia Dupin hasta 1864, cuando fue vendida a Marguerite Pelouze (Marguerite Wilson como nombre de soltera), hermana mayor del político Daniel Wilson. Marguerite adquirió el castillo y 136 hectáreas de terreno tras lo que emprendió la restauración de Chenonceau, entre los años 1867 y 1878. En 1888, la propiedad fue embargada a petición de los acreedores de los propietarios, siendo adquirida por el Crédit Foncier de France. El 5 de abril de 1913, por medio de una subasta judicial fue adjudicada a Henri Menier (1853–1913), personaje de la alta burguesía industrial y propietario del Chocolate Menier, pero Henri falleció en septiembre, siendo sucedido por su hermano Gaston (1854-1934), quien lo ha transmitido a sus descendientes.

Imagen I de Chenonceau.com site oficial
Chenonceau es el Monumento Histórico en manos privadas más visitado de toda Francia. Ofrece desde la primavera del año 2004 en colaboración con Apple visitas autoguiadas, equipados con tecnología punta: las de iPod. Merece la pena hacer una visita virtual a la site oficial Chenonceau.com, para más adelante visitar físicamente Chenonceau y el valle del Loira y sus castillos.